Las palomas se han convertido en un dolor de cabeza de los administradores de edificios, sobre todo de aquello de carácter histórico, que por su arquitectura y sus materiales son los preferidos por este tipo de aves.
Los problemas comienzan cuando el inmueble es colonizado por los animales en cuestión. Según un comunicado emitido por la compañía dedicada al control de plagas, Rentokil, “estas aves generan suciedad, bacterias, corrosión y erosión de la piedra, obstrucción de canalones, propagación de enfermedades y la aparición de otras plagas de insectos. En definitiva, una gran amenaza para los inmuebles que varias ciudades”.
La compañía precisa que los edificios sufren un progresivo deterioro a causa de los asentamientos de palomas hasta tal punto que, incluso, podrían acabar con ellos.
Tal y como lo explican los expertos, los excrementos de las palomas ensucian las fachadas y los techos, corroen la piedra caliza y el metal al estar compuestos por sustancias químicas altamente corrosivas que desgastan gravemente las superficies donde se posan.
El consejo de Jacinto Díez, director de marketing de la compañía, es tomar medidas ante los primeros signos de aparición del ave. Para el profesional, es mejor emplear sistemas preventivos, que no hacen daño a los animales, tales como redes, cables tensados, púas y tendidos electrostáticos.


