Un total de 300 edificios asentados en la ciudad de Rosario, Argentina, incorporaron durante su construcción un sistema de retardadores o reguladores pluviales, los cuales permiten verter cerca de seis millones de litros de agua de lluvia a la red pluvial de la ciudad de forma progresiva en los picos máximos de precipitaciones.
Esto se logró mediante una ordenanza en 2008 que obliga a los edificios de más de 23 metros de altura o con una superficie impermeabilizante superior a los 500 metros cuadrados a contar con este tipo de reservorios.
Medidas como esta, en conjunto con la propuesta de Terrazas verdes, hacen parte de la estrategia con la que se busca disminuir el impacto que han tenido las fuertes lluvias en los últimos años sobre las ciudades del centro del país
Este tipo de hechos que para algunas familias se han convertido en catastróficos al perder sus inmuebles, hace que la medida de los retardadores se convierta en una necesidad urgente.
El sistema de regulación consta básicamente de un reservorio (tanques, cámaras, conductos o cualquier depósito transitorio) con capacidad para almacenar 650 litros en edificaciones de 100 metros cuadrados, 1.200 litros en las de 200 metros cuadrados, 1.600 en las de 300 y así sucesivamente.
El retardador recibe parte del efluente pluvial recogido en cubiertas y pisos y lo deriva, según el equipamiento de infraestructura que exista, al cordón de vereda, la zanja o un conducto de carácter pluvial o pluviocloacal existente, mediante una salida regulada y progresiva.
Por ahora son 300 los edificios que cuentan con este sistema, de estos 206 corresponden a edificios pequeños, 50 a intermedios y otros 50 a complejos de media manzana. Con esto se logra retardar el sistema pluvial en 6.000 metros cúbicos de agua en cada lluvia.


