No es secreto que el embargo de los Estados Unidos sobre Cuba se ha mantenido inflexible durante los últimos cincuenta años. Sin embargo, en este momento, es claro que la situación en la isla está cambiando. La pregunta es, ¿cambiará la política estadounidense con los cambios en Cuba?
por Glenn Withiam*
No es secreto que el embargo de los Estados Unidos sobre Cuba se ha mantenido inflexible durante los últimos cincuenta años. Sin embargo, en este momento, es claro que la situación en la isla está cambiando. La pregunta es, ¿cambiará la política estadounidense con los cambios en Cuba? Una serie de artículos publicados en la edición de noviembre del 2007 del Cornell Hotel and Restaurant Administration Quarterly debaten este punto: ¿La industria estadounidense de la hospitalidad debe intentar crear un puente cultural entre las dos naciones?
Afirmando que los operadores de hospitalidad estadounidenses son los agentes lógicos del cambio de políticas, Sergei Khrushchev, Tony L. Henthorne y Michael S. LaTour sugieren que ambos países deben reconstruir la confianza en el otro. Por su parte, Khrushchev ha tenido un acceso inusual al líder cubano Fidel Castro. La situación en la isla es confusa al momento de escribir esto, excepto por la posibilidad casi cierta de que Castro no retome su anterior rol político.
Khrushchev, Henthorne y LaTour recomiendan abrir una puerta en este momento. Creen que las cadenas estadounidenses podrían establecer alianzas con las firmas cubanas de hospitalidad, y así ayudarlas a conseguir la moneda fuerte que es importante para la economía del país. El artículo pone de manifiesto que cualquier arreglo de este tipo pondría los intereses cubanos en control de la alianza.
El atractivo para los operadores estadounidenses es el acceso a un gran mercado turístico, aventajado en el Caribe sólo por la República Dominicana —mercado que en la actualidad está al alcance de todos menos de ellos. Cuba ha acogido alianzas con operadores internacionales de otras naciones, particularmente, España.
La propuesta completa se encuentra en “Cuba en la encrucijada: ¿puede la industria hotelera estadounidense ayudar a modelar una ‘nueva Cuba’?”, que se puede leer sin costo en chr.cornell.edu. Khrushchev trabaja en la Universidad Brown; Henthorne en la Universidad de Southern Mississippi, y LaTour en la Universidad de Nevada, Las Vegas. Aun si el embargo de los Estados Unidos a Cuba termina, los autores sostienen que los dos países deben trabajar para superar un legado de desconfianza.
¿Y el embargo?
Otros tres observadores hicieron sus aportes a este artículo. Uno de ellos se mostró entusiasta con la idea de terminar el embargo. John M. Kirk, de la Universidad Dalhousie, sostuvo que la continuación de éste ha tenido como principal efecto la exclusión de los intereses estadounidenses de un mercado potencialmente lucrativo. Sin embargo, James Macaulay, de la Universidad Mount Saint Vincent, insistió en que se actuara con cautela. Escribió que aun cuando el embargo termine, los operadores hoteleros estadounidenses podrían enfrentar un ambiente hostil en la isla. La nación mantiene una economía centralizada, y las alianzas con administradores de los Estados Unidos podrían poner en riesgo la posición financiera de los administradores hoteleros cubanos. Así las cosas, es posible que no acogieran los intereses del país.
Finalmente, Kenneth Backman, de la Universidad Clemson, señaló que en primer lugar el embargo de los Estados Unidos se mantiene sin posibilidades de que termine. Aun si eso cambia, no ve que haya en Cuba un buen ambiente para recibir a los operadores estadounidenses. En particular, sostiene que Cuba no querría una fuga adicional de ingresos por el turismo.
Khrushchev, Henthorne y LaTour confían en los efectos personales del turismo para contrarrestar todos estos factores negativos. Si están en lo cierto, una forma de reanudar las relaciones normales entre los Estados Unidos y Cuba sería lo que ellos llaman un esfuerzo de “comunidades de base”. Ellos ven que esto comienza tal vez con viajes adicionales de ciudadanos estadounidenses a la isla, quienes podrían entrar en contacto con cubanos. Este contacto individual, creen ellos, podría romper el hielo entre las dos naciones. Con este fin, instan a los intereses estadounidenses a promover al menos algunos despejes al embargo.
*Glenn Withiam es director de publicaciones del Centro de Investigaciones Hoteleras de Cornell.


