Un nuevo concepto se puso a consideración de la comunidad y los investigadores encargados de buscar mejores posibilidades para el cuidado de los recursos naturales y la disminución del consumo energético, se trata de la Huella hídrica.
La más conocida por ahora es la huella de carbono, sin embargo, existen otras dos que son vitales para el desarrollo de acciones encaminadas a mejorar las prácticas ecoamigables.
Según la ingeniera química Bárbara Civit, investigadora del Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales del Centro Científico Tecnológico Mendoza del Conicet, “la idea de sostenibilidad se fundamenta en asegurar que los recursos disponibles no se consuman más rápido de lo que se renuevan y que los desechos y emisiones no se liberen con mayor velocidad que aquella a la que pueden ser absorbidos por los distintos sistemas”.
La especialista, que integra también el grupo científico Cliope de la Facultad Regional Mendoza de la Universidad Tecnológica Nacional, que investiga sobre energía, ambiente y desarrollo sustentable, explica que diversos indicadores han sido propuestos para cuantificar la sostenibilidad de un producto, un emprendimiento o una actividad y que “entre ellos, el concepto de huella como una medida cuantitativa de la apropiación de los recursos por parte del hombre.
Hasta el momento, han sido definidas la huella ecológica, la huella de carbono y la huella hídrica (ecological footprint, carbon footprint y water footprint, respectivamente en inglés).
La huella ecológica relaciona los consumos y las emisiones que se producen como consecuencia de las actividades humanas, con la superficie del planeta que se necesita para proveer recursos consumibles y absorber las emisiones y residuos generados.
La de carbono está íntimamente ligada a las emisiones de gases de efecto invernadero y al cambio climático, y se define como la cantidad neta de gases de efecto invernadero emitidos por un producto, un individuo, una organización o una nación en un período de un año.
“La huella hídrica es, de las tres, la más recientemente definida, y se refiere al cálculo del volumen total de agua consumida o contaminada -directa o indirectamente- por unidad de tiempo, para producir un bien o un servicio, o que consume un individuo, una comunidad o una fábrica”, detalla Civit. El concepto es análogo al de la huella ecológica, pero cuantificando agua en lugar de superficie productiva.
La investigadora revela que “este modo de cálculo ha permitido determinar, por ejemplo, que tomar un pocillo de café equivale a consumir 140 litros de agua, o que comer 1 kilo de asado representa beber 16.000 litros de agua, porque se tiene en cuenta toda el agua utilizada en los procesos involucrados en la cadena de suministro del producto”.


