Más que una moda, la desparasitación y la desinfección de edificios se ha convertido en una necesidad debido al cambio constante de clima, el mal mantenimiento y la limpieza, en ocasiones insuficiente sobre todo en inmuebles comerciales o públicos.
En algunas empresas, que se han comprometido de manera explícita con el tema, ya existen manuales y guías de desparasitación y de procedimientos necesarios para la prevención y el control de los riesgos sanitario ambientales.
Con dichos documentos, donde se consignan los períodos, las frecuencias y las acciones que se deben llevar a cabo en cada una de las áreas del inmueble para ejecutar tanto una limpieza como una desinfección del mismo de manera óptima, se encargan de armonizar los criterios de la gestión de riesgos y las estrategias de vigilancia para la promoción de ambientes saludables.
Previo estudio riguroso, expertos recomiendan efectuar esta acción asiduamente para evitar enfermedades en los empleados o en los visitantes del lugar y con el fin de deshacerse de bacterias e insectos que pueden representar distintos peligros para la salud humana.
Sin embargo, según el doctor Joaquín Fernández, responsable de la Unidad de Fatiga Crónica del hospital Clínic de Barcelona, la inhalación o el contacto con insecticidas compuestos por organofosforados tienen alguna incidencia en la generación de fatiga crónica en los empleados, situación que cada día va creciendo más.
En algunas ocasiones y si no se tienen los cuidados pertinentes, las personas pueden presentar afectaciones en la piel y algunos casos de pérdida de memoria.
Este hecho se puede evitar mediante el uso y la manipulación correcta de los químicos utilizados para acciones de desparasitación, desinfección y fumigación de edificios; cumpliendo con los parámetros señalados, que a veces exigen la evacuación del lugar durante el tiempo de la fumigación, una correcta ventilación y utilizar los componentes indicados.


