Un estudio realizado en Estados Unidos por las investigadoras Tonya L. Smith-Jacksona y Katherine W. Kleinb en 2009 sobre las oficinas con espacios abiertos dio como conclusión que los empleados que trabajan en este tipo de lugares suelen ser menos productivos por distintas razones, entre ellas el ruido y la temperatura.
Según una investigación realizada por la Asociación Internacional de Facility Management, el 70% de las oficinas en Estados Unidos son abiertas, una tendencia que se dio con la llegada de funciones y labores que precisaban del trabajo en equipo y de grandes espacios para maquinaria o equipos, como talleres, redacciones, etc.
Según el análisis, los directivos argumentan que este tipo de distribución facilita la colaboración y la supervisión; sin embargo, no es un secreto que una instalación de esta clase genera ahorros económicos y administrativos a simple vista, pero dando una mirada más profunda de la situación existen algunas desventajas que podrían desembocar en pérdidas significativas para la compañía.
Una de las más evidentes desventajas es el contagio fácil de todo tipo de enfermedades virales. En una oficina abierta hay un 62% más de empleados con incapacidad médica que en empresas donde los empleados que cuentan con su oficina propia. Así lo aseguró un estudio dado a conocer por la revista Scandinavian Journal of Work, Environment and Health. El mismo estudio señala que este tipo de oficinas provocan más estrés, lo que a su vez debilita el sistema inmunológico y hace más propensas a las personas a adquirir enfermedades.
Las conversaciones y los ruidos de otros empleados dificultan la concentración y la temperatura nunca es la indicada para todos y es una de las causas más frecuentes de enfermedades. Según un estudio realizado por el investigador holandés Paul Roelofsen, llevado a cabo entré 7.000 trabajadores holandeses, los problemas derivados de la temperatura de la oficina estaban detrás de 2,5 días de baja de media por trabajador.



