Los inconvenientes administrativos de una instalación turística, incluso de una tan representativa e importante como la Torre Eiffel, muestran sus resultados en la inconformidad de los empleados y, en consecuencia, en la pérdida de ingresos.
Por problemas administrativos fue cerrada este martes 25 de junio la Torre Eiffel. El hecho se dio en medio de una huelga declarada este el mismo día por el sindicato CGT, mayoritario entre los cerca de 300 trabajadores de ese monumento.
El comunicado difundido por la CGT apunta como principales puntos del conflicto la necesidad de un refuerzo de las medidas de seguridad o la obtención por parte del Ayuntamiento de París de una garantía para renegociar el programa de inversiones durante los próximos 10 años.
"La Torre Eiffel tiene la particularidad de depender de sus medios de ascensión. En 2008, se decidió renovar el ascensor Oeste. Las obras debían durar dos años y costar cinco millones de euros. Después de cinco años, sigue fuera de servicio y el monto de las obras se acerca ya a los 40 millones de euros", señala ese texto.
El sindicato denuncia que la falta de ese ascensor repercute en el estado de los otros ascensores de subida, reduce las posibilidades de acoger a gente, alarga las filas de espera y degrada las condiciones de trabajo.
La última huelga en ese monumento se remonta a 2010, y duró dos días.


